Dicen los estudios que el 63% de los pacientes diagnosticados con diabetes tipo 2 tienen más de 75 años. Y de ellos y ellas queríamos acordarnos precisamente hoy que se celebra el día de las personas de edad.

Es muy fácil imaginarse la estampa: nuestra abuela o abuelo, nuestro vecino más entrañable, hablando con nosotros sobre que el médico le ha dicho que tiene un poco de azúcar. Y a estas personas, que han dedicado su vida por nosotros y nosotras, los mandan para casa (si es que ahora con aquello del covid llegan a verlos en consulta) con un diagnóstico, una medicación y quizás una dieta de 1200 calorías: «Tiene que cuidarse».

Pero no le damos herramientas, porque en ese momento de su vida el sistema decide infantilizarlos, y en vez de hablar su idioma decide que es mejor limitarnos a que vivan bien lo que les quede de vida. Aunque seamos sinceros: quizás les queden de vida una media de 20 años.

Reclamar una mejor atención para los y las pacientes con diabetes tipo 2, para nosotras las asociaciones, va más allá de pedir sensores para todas las personas. Y sobre todo dejar de mirar hacia otro lado, dando la espalda a la diabetes.

En Adima siempre estamos al lado de las personas. Por ello proyectos como nuestro sistema de Acompañamiento a personas con Diabetes tipo 2 se nos quedan pequeños para todo lo que queremos hacer.

Y es que creemos que tenemos una responsabilidad y para cubrirla hay que mirar la paciente en su totalidad:

  • Reclamamos una presencialidad en las consultas. Aunque para ello los equipos sanitarios necesiten refuerzos.
  • Reclamamos una formaci´ón actualizada para el personal sanitario que los va a atender. Porque la diabetes es la patología con mayor prevalencia en las consultas de atención primaria.
  • Reclamamos, una formación y acompañamiento a los pacientes. Porque hemos demostrado y seguiremos haciéndolo, que con ello su calidad de vida mejora sustancialmente.
  • Reclamamos mejores recursos: que tengan derecho a las tiras glucémicas cuando debutan con diabetes tipo 2 para poder realizarse controles, que tengan acceso a los sistemas de medición continua cuando pasan a ser pacientes insulinizados.

Reclamamos al final una mejor calidad de vida. Asegurarnos de que reciben la formación y acompañamiento que necesitan, para de esta manera evitar las consecuencias que a la larga se derivan de un mal control de la diabetes.

¿No estamos pidiendo lo mínimo que nuestras personas con edad se merecen?

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